No quiero, no quiero hacerme mayor. Ya sé, 27 años tampoco son tantos pero tengo la sensación de que la vida acontece demasiado rápido, de que todo es efímero. Incluso las "malas" épocas (aquellas en las que cuando te encuentras inmersa te dices a ti misma: "¡Help, ayúdame!") se metarfosean y pasan a ser lacónicas. Y es que mi memoria es a menudo nostálgica, melancólica y sin querer recuerdo cosas remotas, alejadas, distantes.El otro día me sentía un poco así. Ya sé, el día de tu cumpleaños es normal que te haga recordar. Y pensándolo bien, la sensación que tuve fue buena. No tenía la impresión de que estaba perdiendo el tiempo. Estoy en un buen momento. He convergido con arudosas batallas, eso sí, y son estos encuentros puntuales los que hoy en día me obligan a reiterarme una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez: "Oye, no te puedes quejar".
Mi mensaje no tiene mensaje. Ya sé, los mensajes siempre quieren transmitir algo pero tampoco quiero decir nada con lo que estoy escribiendo. No quiero plasmar nada en especial. Solamente tenía ganas de decir en voz alta algunas cosas que ya sé.

"No somos conscientes de quiénes somos hasta el momento en que nos relacionamos con personas ajenas a nosotros" (o algo así...) decía 
