Saturday, January 13, 2007

¿Y quién dijo que las bicicletas son para el verano?


Después de conocer el nefasto resultado de mi examen teórico (4 fallos) decidí comprarme la bici que tanto deseaba desde hacía tiempo, y así empezaba a aceptar mi estatus de toda la vida: el de peatón (algo que me dijo un amigo y no me hizo mucha gracia en su momento, la verdad) y que ahora se podría decir "peatón subido a una bici" o vulgarmente llamado "ciclista". A ver, ya sé que tampoco hay para tanto, pero no sé, a mí me gusta. Hubiera preferido una bici de ciudad con cestita aunque el presupuesto no daba para tanto. Así que no me quejo.

Ayer tuve mi primera experiencia en bici. Fue al salir del Decathlon de la Illa, mi centro comercial preferido, y subirme a la bici para emprender el maravilloso viaje hacia mi casa. Me daba un poco de miedo. Sí. Pero la realidad es que sólo tuve miedo los primeros 30 segudos, a partir de ahí sucedió algo muy extraño: era como si hubiera ido en bici toda la vida por Barcelona.

Tengo que decir que obstáculos hay unos cuantos: peatones sin bici que van a su ritmo como si no hubiera nada ni nadie más a su alrededor, niños que van y vienen, coches que se detienen justo en la vía para ciclos (¡pero qué causalidad!). Vaya, que las situaciones con las que te puedes encontrar, en este sentido, no son muy agradables. Ante este panorama, he decidio salir a la calle con una sonrisa pero sobretodo con mucha paciencia y con los cinco sentidos bien despiertos.

Y lo que no se puede obviar son las consecuencias de ir en bici:
- Positivas: tienes más energía por las mañanas, no tienes que ir en bus ni metro ni tren ni tranvía, no tienes que comprarte la T10, y seguro que hay más pero ahora mismo no me acuerdo, estoy cansada y me cuesta pensar.
- Negativa: agujetas. Estas son las culpables de que esta noche, sábado noche, me quede en casita descansado. Estoy muerta. Bueno no, estoy viva. Viva pero muerta. Muerta de cansancio.

Y no, las bicicletas no son para el verano, son para cuando tú decidas que te la mereces. Y el 12 de enero era un buen día. Lo era porque yo creo que sí, no por nada más. Y la conclusión de todo esto es que Jaime Chávarri estaba equivocado. Pobre, y él sin saberlo ;->